Pedro Rodríguez, presidente de la FSMCV: «Nadie piensa hoy de las bandas de música lo que pensaba hace cien años»

24-7-2018 13:44h


Declaraciones del Presidente de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana a propósito del 50 aniversario y la declaración BIC



La FSMCV ha celebrado su 50 aniversario por todo lo alto. ¿Cuál era el objetivo principal de la Federación con estos eventos?


El objetivo de la Federación en su 50 aniversario ha sido el de aprovechar la ocasión para alcanzar dos metas principales. Por un lado, situar a las sociedades musicales en la primera línea de vanguardia tanto del panorama nacional como internacional; y en segundo lugar, que los músicos se sintieran como una parte importante de la cultura valenciana. Los tres actos multitudinarios que se han celebrado en Alicante Castellón y Valencia tenían esa finalidad. Los récords Guinness son un premio de dimensión mundial, que aún tendrán más repercusión en el momento en el que recibamos los certificados oficiales, pero lo que queríamos era que los músicos se vieran arropados y como parte de un colectivo muy potente. Reunir a 23.000 músicos en mes y medio ha sido todo un logro y estoy seguro de que todos los que estuvieron tocando en Castellón, Alicante y Valencia se sienten mucho más integrados en el colectivo de lo que se sentían antes de todo esto.


Los 13 récords conseguidos quedan para la historia, a pesar de no haber conseguido formar la banda más grande del mundo…


No se ha conseguido formar la banda más grande del mundo relativamente. Porque movilizar a 23.000 músicos en un mes y medio, eso no lo ha hecho nadie. Otra cosa es que eso pueda o no ser oficial. En el pasacalle más grande del mundo hemos doblado el anterior récord, pero reunir a 20.000 personas con esta finalidad es complicado, de hecho el récord actual data del año 1964, cuando la Federación ni siquiera existía todavía.


Los músicos valencianos merecían un homenaje como éste por todo su trabajo. ¿Cree que, en general, esa labor está suficientemente reconocida por la sociedad?


En el acto de homenaje a los directivos de la FSMCV por nuestro 50 aniversario dije que a mí no me parecía que los músicos necesitaran un reconocimiento social, puesto que pensaba que siempre lo habían tenido. Sin embargo, cuando empecé con las tareas directivas en las bandas de música, en el año 89, me di cuenta de que sí era necesario que ese trabajo de los músicos, de las sociedades y de las bandas, tuviera un reconocimiento por parte de todos. Y creo que ese reconocimiento ha aumentado, no solo en los últimos cuatro años en los que he estado de presidente, sino también en legislaturas anteriores. En eso el papel de la Federación creo que ha sido fundamental. Nadie piensa hoy de las bandas de música lo que pensaba hace cien años. El reconocimiento social del músico y las sociedades como entidades culturales está en los máximos de su historia en este momento.


Tras medio siglo de vida  la Federación tiene aún muchos retos por delante. Cuáles son sus prioridades para los próximos años?


Uno de los principales retos de las sociedades musicales en los próximos años va a ser el de conseguir un entorno legislativo, jurídico y legal a su medida. A nivel Europeo hay diferencias, pero aquí, cuando contratas a la primer persona en tu actividad, te conviertes en una empresa y sufres todo lo que una empresa sufre en cuanto a control administrativo, hacienda, seguridad social, etc. Lo mismo da que una sociedad musical sea una entidad sin ánimo de lucro. Esto tiene que cambiar. Por ejemplo, una cooperativa tiene un impuesto de sociedades menor que el de una sociedad musical, y una cooperativa no deja de ser una empresa con ánimo de lucro. Al final, las sociedades musicales lo que hacen siempre es reinvertir todo lo que sale en una actividad que es buena para la sociedad en general.


Sus escuelas de música se hayan convertido en un modelo de referencia. ¿Cree que el éxito de ese modelo marca el camino a seguir en otros ámbitos?


El Gobierno de las sociedades musicales es muy complejo y no todas están en la misma situación. Pero sí es cierto que uno de los procesos principales que existen en las sociedades musicales es el de la ilusión colectiva por conseguir que aquello funcione. Estos procesos de ilusión habitualmente son cíclicos y pueden darse por cuestiones como la de participar en un certamen, organizar un viaje, poner en marcha una escuela o tener una banda que sea referente. Cuando esa ilusión baja, algo que es habitual que suceda, se nota en la sociedad musical, y eso hay que combatirlo con buena gestión. Por eso la Federación ha impulsado la figura de la gestión cultural en las sociedades musicales, y ahora lo que estamos tratando es dar este servicio desde la Federación. Se trata de ofrecer servicios de valor en cuanto a gestión, algo que puede ayudar a conseguir implantar, con éxito, un modelo adaptado a los tiempos actuales.  


Valores como la igualdad de género, o el trabajo en equipo son algunos de los aspectos que las sociedades musicales han tomado como bandera. ¿Cree que el colectivo de músicos es un reflejo fiel de la realidad actual del pueblo valenciano?


No es que el colectivo de músicos sea un reflejo fiel del pueblo valenciano, es que el colectivo de músicos es el propio pueblo valenciano. En las sociedades musicales hay de todo, desde personas de los niveles más bajos de la sociedad, hasta de los más altos; personas sin estudios y personas con estudios; con trabajo y sin trabajo; jóvenes y mayores… La sociedad musical suele ser un fiel reflejo de lo que se da en su entorno. Por eso han podido adaptarse a la realidad en estos más de dos siglos de historia. Un 3% de las sociedades musicales tiene más de 200 años, y creo que son un 30% las que tienen más de cien. Y nadie está tanto tiempo si no sabe adaptarse. La Federación ayuda a esta adaptación, porque difunde las buenas practicas, porque pelea por el sector ante la administración, identifica los problemas… y eso son cuestiones que se han ido realizando durante mucho tiempo. El trabajo en equipo, la igualdad de género son bandera en este momento, pero hay otras, como la intergeneracionalidad o el reconocimiento a la labor bien hecha. Son valores que nosotros poseemos y que tenemos que dar a conocer.


Las sociedades musicales son de los pocos colectivos que siguieron creciendo durante los peores años de la crisis económica. ¿Cree que es un signo de su profundo arraigo social?


Tenemos un profundo arraigo social, pero no es lo que yo más destacaría. Las escuelas de música han crecido en alumnos un 22% desde 2009, durante los peores años de la crisis. Si en tiempos de inseguridad los padres han llevado a sus hijos e hijas a nuestras escuelas, es porque piensan que es un lugar donde pueden encontrar tranquilidad y donde pueden encontrar lo que buscan. Creo que por ese motivo se ha crecido, porque son espacios que la sociedad reconoce como seguros ante una crisis que ha sido económica y de valores. Hay muchos sectores que han desaparecido, mientras que nosotros hemos crecido y hemos recogido además a gente nueva.


El último estudio económico sobre las sociedades musicales desvela que el colectivo aporta 40 millones al PIB de la Comunitat Valenciana. Cree que este potencial económico está suficiente desarrollado?


Sin lugar a dudas, en los próximos años las sociedades musicales van a crear nuevos puestos de trabajo en gestión, en profesorado, en dirección… porque cada día tienen más valor y se necesitarán estructuras cada vez mayores. Y para eso hacen falta nuevos profesionales. Las sociedades musicales ya incorporaron a los directores para sus bandas y orquestas hace muchos años; y hace 20 o 30 años sumaron también a los profesores especialistas en cada instrumento. Ahora se ha empezado a incorporar a gestores económicos y administrativos y tendrán que empezar a incorporar a nuevos gestores culturales. Además, las escuelas de música se tienen que concebir como centros de educación de personas y no solo de instrumentistas, y eso va a necesitar de mejores profesionales formados en ámbitos pedagógicos. Para eso es necesario dinamizar más el sector y que lleguen nuevas empresas que apuesten por el patrocinio y el mecenazgo, asociando su imagen a la de una sociedad musical. Estas nuevas fuentes de ingresos necesitarán de una mejor gestión, por lo que el colectivo se tendrá que desarrollar mucho más.


¿Qué ha cambiado a lo largo del último medio siglo para que las bandas se hayan convertido en el principal agente cultural y social de la Comunitat Valenciana?


Cuando la Federación apareció hace 50 años, el número de sociedades musicales inscritas era de doscientas y pico, una cifra que se ha más que duplicado en todo este tiempo. Eso quiere decir que la FSMCV, que tiene en su primer punto el de la potenciación de la música, ha cumplido con creces su misión. La Federación ha conseguido poner en valor este movimiento asociativo y es un claro ejemplo de éxito de un modelo que nació para cumplir unos fines concretos. Por eso su papel es fundamental, y en la reciente declaración de BIC las autoridades reconocen que la Federación es la primera medida de salvaguarda que el colectivo ha tomado para sobrevivir.


Usted ha dicho recientemente que la Federación se encuentra “en el mejor momento de su historia”. ¿Como definiría su estado actual den la entidad respecto a otras épocas?


La Federación está en su mejor momento por su propia madurez. Cualquier sociedad musical que nace quiere federarse, lo que nos permite agrupar a la totalidad del colectivo. Además la estructura tiene un alto nivel de seriedad en el que confían tanto la administración como entidades del peso de Bankia, que aportan al colectivo un millón de euros al año. Esto se está dando porque la Federación es una entidad confiable. Ahora es cuando más músicos tenemos, cuando más sociedades musicales hay federadas y cuando más actividad hay, con un número de proyectos mucho mayor que el de otras épocas.


Otra de sus reivindicaciones es la de una mejor financiación por parte de las instituciones. ¿Hasta dónde se podría llegar con un financiamiento justo?


Conseguir un financiamiento justo es complicado. Nosotros hemos propuesto un modelo, sobre todo para las escuelas de música, en el que se plantea que una tercera parte del coste lo paguen los alumnos, otra tercera parte vaya a cargo del ayuntamiento, y el resto corra a cuenta de a administración autonómica. Esa es la propuesta que nosotros hemos puesto encima de la mesa y es el modelo que se sigue en otras comunidades autónomas como Madrid o Barcelona. Eso supondría prácticamente doblar las ayudas a las escuelas de música que actualmente están en el 30%, logrando unos ingresos de 20 millones de euros. Esta cantidad, sumada a otras ayudas como las destinadas a la compra de instrumentos o a la reforma de locales, permite ponerse un objetivo a medio o largo plazo de 25 millones de euros, lo cuál no es ninguna barbaridad.


¿Cree que la autofinanciación del colectivo debería de ser un objetivo principal, o se debe contar con el respaldo de las administraciones?


El tema de la autofinancian del colectivo está ligado al del mecenazgo y el patrocinio. Que entren empresas a financiar al colectivo lo queremos todos, pero mientras el Gobierno central no renuncie a parte de lo que recauda en impuestos para que las empresas puedan dedicarlo a actividades culturales en su entorno, tendremos una carencia que en otros países no se da. Hoy, si una empresa contrata a una banda o una orquesta para invitar a sus clientes, difícilmente puede desgravarse el importe. Solamente si la institución a la que contrata es de utilidad pública, pero ese reconocimiento no nos lo dan porque realizamos una actividad económica. Esto es algo que tiene que cambiar y que estamos peleando. Esperamos que a partir de ahora se abra una vía de diálogo con la Agencia Tributaria, porque si no, difícilmente vamos a poder mejorar en la autofinanciación. Independientemente de eso, lo que es evidente es que el sistema no tiene capacidad para satisfacer la demanda de los 60.000 alumnos que reclaman clases de música. Para eso estamos entidades como nosotros, que canalizamos las demandas de la sociedad, pero la comunidad autónoma tiene que financiar parcialmente el coste.


Lo que sí ha hecho el Consell tras años de reivindicaciones y trabajo duro es declarar como BIC la tradición musical valenciana. ¿Como cree que afectará esta declaración al futuro del colectivo?


La declaración de BIC es algo que nos emociona y es un reconocimiento por el que llevamos peleando desde hace años. Es el máximo distintivo que un gobierno puede otorgar y tiene trascendencia a nivel nacional e internacional. La primera consecuencia de eso es que nos imbuye de mayor responsabilidad, si cabe, de la que teníamos hasta ahora, porque la declaración dice que quien tiene que sustentar este Bien son las propias sociedades musicales. La Federación, que hasta ahora tenía los cometidos de representar al colectivo y de prestarle servicios, ahora tiene una tercera razón de ser, que es la de mantener vivo este Bien de Interés Cultural. Además, para la próxima asamblea de octubre queremos publicar un documento que recoja las cuestiones concretas de las que las sociedades musicales se pueden aprovechar por el hecho de ser BIC. De momento, ya pueden usar este distintivo como sello de calidad en sus relaciones con empresas, ayuntamientos y entidades de todo tipo.


¿Piensa que el potencial musical de la Comunitat Valenciana es un activo que debería tenerse más en cuenta de lo que se tiene en estos momentos?


En nuestra propuesta para la reforma de la Ley Valenciana de la Música vamos a pedir que se cree una Agencia Valenciana de la Música, que trate de forma transversal la importancia de la música en nuestra Comunidad. Así, cuando se ponga en marcha un proyecto en el ámbito sanitario, cultural, educativo o económico, se podrá tener en cuenta la cantidad de músicos y de agrupaciones que hay en esta tierra. Porque ese es uno de nuestros factores de diferenciación estratégica ante el mundo. Si el turismo, o la producción de coches, son temas importantes dentro de la Comunidad Valenciana, la música también debería de serlo, y estar implícita en todas las actividades que se realizan. No tiene sentido que cualquier acto público que se realice, no haya un grupo de música tocando. Porque los tenemos, y porque el objetivo debería de ser que la música estuviera presente en todas las actividades que se realizan a lo largo y ancho de la Comunidad Valenciana.

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